La economía marroquí
La economía marroquí se ha comprometido desde 1983 en un amplio programa de reformas económicas. Es conveniente centrarse en primer lugar en los resultados obtenidos diez años después, para poder, luego, entrever las tendencias futuras.
Mientras que la primera mitad de los años ochenta iba a conocer la puesta en práctica progresiva de las diferentes medidas previstas para el programa de ajuste, desde 1986 hemos asistido a una considerable mejora tanto a nivel de los equilibrios económicos y financieros como a nivel de las principales actividades productivas. El PIE calculado a precios de 1980 ha aumentado durante el período 1986-1990 a una tasa media anual de14,1 por 100. En términos nominales, este incremento ha alcanzado el 10,2 por 100, lo que ha permitido que el crecimiento del deflactor implícito del PIE llegase a ser un 6,1 por 100. Este resultado indica una clara reactivación del proceso de crecimiento respecto a la primera mitad del decenio, a la que ha contribuido, de forma decisiva, la actividad de la agricultura y de las industrias manufactureras y, en menor medida, de la minería.
El sector agrícola, enormemente dependiente de las circunstancias climáticas, se ha beneficiado, en conjunto, de unas condiciones pluviométricas más favorables durante la segunda mitad de los años ochenta, en comparación con los años de sequía, especialmente 1983, e incluso 1987. De esta manera, el valor añadido del sector agrícola ha podido crecer durante el período 1986-1990 a una tasa media del 8,1 por 100.
En lo que se refiere a las industrias manufactureras, y a pesar del aumento de los costes de los factores, especialmente en energía, de los salarios y los gastos financieros, por una parte, y de las repercusiones de la liberalización del comercio exterior, por la otra, la evolución de las actividades productivas ha sido favorable en su conjunto durante la segunda mitad del decenio. Entre 1986 y 1990, el valor añadido real de este sector ha aumentado un 3,2 por 100, en promedio. Esta evolución es el resultado del dinamismo sostenido de las exportaciones de los principales sectores industriales, en particular el químico y el paraquímico, el textil y el cuero, así como el agroalimentario. La sensible mejora de los resultados del sector textil se ha acompañado, además, de una recuperación de las inversiones que, bajo el influjo positivo de las medidas de simplificación de los procedimientos administrativos y de un entorno económico más favorable, parecen tomar un nuevo impulso.
Finalmente, la actividad del sector minero, que contribuye de forma importante al equilibrio de las cuentas exteriores, ha evolucionado a un ritmo irregular durante los años 1986-1990, a causa tanto de la inestabilidad de la demanda externa de la mayoría de los productos mineros como de la tendencia a la baja del precio de las materias primas en el mercado mundial. Para el conjunto del período 19861990, el valor añadido del sector minero ha registrado un descenso anual medio del 0,4 por 100 en términos reales.
Paralelamente a la evolución de las actividades productivas, la situación del comercio exterior ha conocido algunos avances a nivel de los intercambios de bienes y servicios, debido esencialmente a la bajada de los precios mundiales del petróleo y a la mejora de la producción del sector agrícola. Con una progresión media del 8,6 por 100 para el conjunto del período 1986-1990, el valor de las importaciones ha aumentado a un ritmo claramente inferior al de las exportaciones, lo que ha permitido una mejora sensible de la tasa de cobertura, que se ha situado en una media del 65,6 por 100, frente al 54,1 por 100 de la primera mitad de la década. Respecto al PI, el valor de las importaciones se ha reducido sensib1emetne, pasando del 32,2 por 100 del PI en 1985, al 29,7 por 100 en 1990, a pesar de la liberalización de los intercambios comerciales. Esta reducción ha sido particularmente importante en 1988.
El aumento de los precios, medido por los dos indicadores equivalentes, el IPC o el deflactor implícito del PIE, ha mostrado una tendencia descendente durante los años ochenta. Después de haber registrado un aumento de dos dígitos, durante los primeros años de la implantación del Programa de Ajuste Estructural (PAS), el PIC no ha dejado de descender desde entonces. Por ello la tasa media de crecimiento del IPC entre 1983 y 1992 ha sido del 6,6 por 100. No obstante, esta media oculta las profundas diferencias habidas de un año a otro: la tasa mínima se registró en 1988, frente a la tasa máxima del 12,5 por 100 en 1986. En conjunto, el crecimiento de los precios mostró una tendencia descendente desde 1983 a 1989, aunque a partir de entonces se ha producido un cambio de tendencia.
Respecto a las finanzas públicas, hay que resaltar que el déficit presupuestario se ha situado entre 1983 y 1992 en un 6,6 por 100 del PIB. Es necesario señalar que la tendencia a la baja fue lenta y progresiva: a partir del 11 ,50 por 100 de 1983, el déficit ha ido descendiendo hasta el 2,2 por 100 de 1992.
Asimismo, el análisis del «saldo corriente/PIB» corrobora la conclusión anterior :aunque la tasa media de toda la década no sea sino del +O ,9 por 100, ello no ha impedido que el ahorro presupuestario haya mejorado sensiblemente: tras ser negativa durante los dos – tres primeros años del PAS, empieza a ser positiva después de 1986 y en 1992 llega incluso a representar el 5,3 por 100 del PIB.
El amplio programa de reformas de 1983 tenía como objetivo, en un primer momento, el restablecimiento de los principales equilibrios macroeconómicos. Se alcanzó esta primera serie de objetivos unos cinco años después, como lo demuestra la bajada del IPC, el control de los déficit presupuestarios y de la balanza por cuenta corriente, la reconstitución de las reservas de divisas, entre otros. La segunda fase del PAS, que ponía el énfasis en la modernización de las estructuras productivas y financieras de la economía nacional, se inauguró a comienzos de los noventa. En este contexto, recientemente se ha adoptado un nuevo paquete de medidas destinadas, especialmente, a asegurar una mayor apertura de la economía nacional hacia el exterior; citemos, a título indicativo, la creación de una zona «off shore» en Tánger y la reforma de la política de comercio exterior. Sería interesante resaltar los principales campos a los que atañe esta liberalización de los intercambios exteriores, así como los principales vectores de la flexibilización del control de cambios. Estas dos preocupaciones revisten un particular interés a la luz de dos decisiones adoptadas recientemente por las autoridades económicas marroquíes: el final de reestructuración del pago de la deuda externa y la implantación de la convertibilidad del dirham.