Ortodoxia financiera
Ortodoxia financiera
En la década de 1970, los precios del fosfato que con tanta abundancia produce Marruecos subieron casi a la par que los precios del petróleo, pues ese abono mineral compite con los que se obtienen de la petroquímica. Cundió un optimismo exagerado y se llevaron adelante inversiones exageradas en la industria fosfatera. Al término de la década se hundieron los precios del mineral, con lo que desapareció en la balanza comercial el contrapeso de la importación del combustible extranjero encarecido. En 1983, Marruecos hubo de dirigirse al Club de París para pedir un aplazamiento del servicio de la deuda, cuya última entrega ha tenido lugar en 1992.
La ayuda que Marruecos tuvo que pedir también al FMI vino acompañada de las acostumbradas condiciones de ese instituto. El pupilo se ha comportado modélicamente. Según cifras recogidas por el «Financial Times» y de la publicación «Estadísticas Financieras Internacionales» , bajo la férula del ministro de Hacienda Mohammed Berrada, la deuda pública en circulación pasó del 113 por 100 del PIE en 1984-87, al 73 por 100 en 1992. La inflación medida por el índice de precios al consumo, que aún se encontraba en el 8 por 100 en 1991, está alrededor del 4,5 por 100 en la actualidad. El déficit de la balanza por cuenta corriente no equivalía ya en 1992 sino al 1,7 por 100 del PIE, o 500 millones de dólares, compensados por una cifra igual de inversiones extranjeras. Las reservas internacionales (excluido el oro) habían crecido un 17 por 100 año sobre año en junio de 1993 y pasaban de los 3.500 millo-nes de dólares (cuando en 1989 apenas llegaban a los 490 millones de dólares).
Esta restricción, recrecida por la sequía que ha afectado la producción y las exportaciones agrícolas, ha tenido un coste. La tasa de crecimiento media de los años 1985-91 alcanzó un halagador pero no extraordinario 4,5 por 100 en 1992, el crecimiento confesado por el Ministerio de Hacienda fue negativo, de – 2,9 por 100. Se espera que resulte positivo otra vez en 1993. He notado lo abultado del paro. Pero sobre todo, las restricciones presupuestarias, que han reducido el déficit público al 2 por 100 del PIE, han supuesto grandísimas estrecheces en los gastos de equipamientos y servicios sociales, lo que aumenta las tensiones políticas. El Rey ha perdonado los impuestos a los agricultores, empobrecidos por la sequía, hasta el año 2000. No olvidemos de todas formas las revueltas callejeras de 1990.