Accueil > Marruecos > Marruecos encuentra su rumbo

Marruecos encuentra su rumbo

Marruecos encuentra su rumbo

La actitud de los españoles hacia Marruecos está cambiando a la misma velocidad con que mudó la postura de los ingleses, franceses y alemanes hacia España en la década de 1960. Para los inversores españoles, el Reino Alauita ha dejado de ser el antiguo protectorado anclado en la Edad Media, para convertirse en una hermosa tierra de crecientes oportunidades.

La nueva visión de los inversores españoles se confirma con el primer golpe de vista a la evolución de los datos económicos marroquíes. Alcanzada una inflación más baja que la de España, contenido el déficit público al 2 por 100 del PIE, estabilizado el dírham sobre la base de unas reservas reconstituidas, multiplicadas las inversiones extranjeras por cinco en un quinquenio hasta alcanzar más de 500 millones de dólares, Marruecos está haciendo gala de una seriedad y equilibrio sorprendentes para muchos recién llegados. Si recordamos que en 1987 una virtual bancarrota pública forzó al Gobierno marroquí a renegociar su deuda extranjera, la transformación de su macroeconomía es un tour de force muy apreciable.

Cierto es que los problemas más profundos no han desaparecido. La macroeconomía financiera puede seguir durante tiempo caminos distintos de la economía y de las sociedades reales. El sistema productivo marroquí depende en grado excesivo de la agricultura y ésta ha sufrido dos años de profunda sequía, con lo que la tasa de crecimiento ha resultado negativa en 1992. El paro, aunque mitigado por la importancia de la economía sumergida, alcanza cifras españolas del 20 por 100 en las ciudades, y está acompañado por un subempleo crónico en el 45 por 100 de la población que vive en el campo. Pese a lo aún reducido de la proporción de los que saben leer y escribir, por el momento no más del 63 por 100 de la población urbana y del 22 por 100 de la rural, la escolarización es baja, dramáticamente exigua para las niñas fuera de las ciudades. El crecimiento de la población, como es típico en las economías que salen del subdesarrollo y acceden a la urbanización, parece explosivo: la tasa de crecimiento demográfico es del 2,2 por 100 anual y la mitad de los marroquíes tienen menos de veinte años.

Las diferencias sociales son grandes, como también es de esperar en un país rural que se industrializa y enriquece. En las ciudades vive una burguesía culta y próspera, pero, según cifras del Banco Mundial, un 21 por 100 de la población del país está sumido debajo de la línea de pobreza o apenas sobrepasa ese límite mínimo. La distancia entre el campo y la ciudad es muy marcada, así como entre Marruecos y sus vecinos del Norte, lo que implica claros incentivos para la emigración, que en sí no es sino un remedio parcial y al propio tiempo una causa de desestabilización.

La situación política está en proceso de consolidación. Tanto como en lo social, Marruecos da la impresión en lo político de fragilidad y tensiones centrífugas. No por nada su denominación tradicional es la de «Imperio Cherifiano», es decir, una aglomeración de grupos sociales y tribus antagónicas unidos por el vasallaje al Rey y líder religioso, Hassan n. Bajo la nueva Constitución, y tras las elecciones legislati vas de este verano, el Reino de Marruecos está encaminándose muy prudentemente hacia una organización más democrática. Pero la autoridad del monarca, no sólo no está en entredicho, sino que, paradójicamente, es el mecanismo esencial para que la apertura no acabe en una tragedia como la de Argelia.

Categories: Marruecos Tags: , ,
  1. Pas encore de commentaire
  1. Pas encore de trackbacks
Vous devez être identifié pour poster un commentaire