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Marruecos: tradición y modernidad

Marruecos: tradición y modernidad

La acusada personalidad del Reino de Marruecos conforma una singular combinación de tradición y modernidad.
País árabe, con fuerte sustrato étnico bereber, se unificó al calor de una rápida islarnización. Es el único en la orilla meridional del Mediterráneo que no quedó absorbido en la órbita del Imperio Otomano.

Tiene claramente afirmada su personalidad histórica cuando le toca encajar la impronta del colonialismo europeo. La presión colonial se inicia con la ocupación temporal de Tetuán por España en 1860. Al principio, la presión es intermitente, se ciñe a preocupaciones de orden fiscal o comercial y se entremezcla con el curioso régimen de las capitulaciones. Poco a poco las rivalidades entre las principales potencias europeas determinan la penetración directa, y ya en el siglo XX, franceses e ingleses negocian un reparto de zonas de influencia. Al ceder en Egipto y Sudán, los franceses consiguen manos libres en Marruecos, con alguna cortapisa: las zonas de coprotectorado español al norte y al sur y la singular internacionalización de Tánger.

La tardanza beneficia a Marruecos en la medida en que la fórmula impuesta por las circunstancias es el Protectorado que no deja de llevar consigo cierto respeto hacia la personalidad política del país «protegido». Sus instituciones, en gran medida sojuzgadas, mantienen, sin embargo, una virtualidad esperanzadora. El protectorado pretende modernizar ciertamente, pero con respeto a la tradición.
Otra característica, ya apuntada, que tiende al mismo efecto lenitivo, es la dualidad que supone el coprotectorado; junto a la acción predominante de Francia, simbolizada en la figura de Liautey, España no deja de ejercer una acción también signi-ficativa en un marco geográfico mucho menos favorable.

Así lo confirmará el proceso emancipador desencadenado después de la Segunda Guerra Mundial. Las diferencias de sensibilidad y orientación entre las dos Administraciones de tutela serán aprovechadas por las resurgentes fuerzas del Movi-miento Nacional, muy especialmente después del golpe de fuerza contra el sultán Mohamed V y su sustitución provisional por Ben Arafa.
La zona norte, en la que el Jalifa mantiene el vínculo de fidelidad al sultán exiliado, se convierte por un tiempo en santuario de los que luchan por su regreso e indirectamente por la independencia.
La huella del Protectorado tiene una dimensión cultural obvia.
Consecuencia inevitable e inmediata del proceso de descolonización/unificación fue la expansión de la influencia cultural francesa a la antigua zona norte y el aprendizaje forzoso del francés por sus cuadros dirigentes civiles y militares, que tuvieron a partir de ese momento la impresión de que España les abandonaba a su destino. El español no volverá a arraigarse en la zona norte hasta mucho más tarde, gracias al advenimiento de la TV y también gracias, en parte sustancial, al esfuerzo de cooperación cultural mantenido a lo largo de las años en circunstancias difíciles.
El hecho es que inmediatamente después de la independencia, el francés afirmó sus posiciones como lengua de cultura moderna de uso predominante en la vida académica y comercial y de vinculación al mundo exterior.

Uno de los aciertos de Marruecos es haber resistido la tentación de destruir el aporte lingüístico del Protectorado. La afirmación de una personalidad árabe independiente ha impulsado, como era natural, el uso del árabe. La presión de los partidos políticos nacionalistas ha sido muy constante en ese sentido, pero a diferencia de otros países, donde la arabización a ultranza ha acabado favoreciendo al islamismo radical, la arabización en Marruecos no ha llegado hasta el punto de poner en peligro las ventajas obvias que supone el uso generalizado de uno o varios idiomas occidentales.
En el caso concreto de España, la postura oficial marroquí se caracteriza por la insistencia en la necesidad de intensificar el esfuerzo en base a la correlación existente entre cooperación cultural y cooperación económica. Marruecos, en este orden de ideas, hace un esfuerzo notable con un programa informativo diario en español para la radio y televisión marroquí y además con un periódico en lengua española.

La voluntad de equilibrio entre modernidad y tradición se manifiesta de forma singular en la vida política en la que coexisten estructuras tradicionales de poder y formas modernas como son los partidos, los sindicatos y la institución parlamentaria reforzada tras la reforma constitucional del año pasado. Toda la historia contemporánea de Marruecos está estructurada en tomo a una singular dialéctica entre Corona y Movimiento Nacional.
Consecuencia de la colonización tardía y por comparación relativamente suave fue, en definitiva, el reforzamiento de la principal institución tradicional: la Monarquía. Ello se debió, en primer lugar, a la opción inequívoca del rey Mohamed V y del entonces príncipe heredero Hassan en favor de la independencia; pero también es cierto que la institución monárquica supo aprovechar en su favor la obra de integración administrativa de los Protectorados.
En los tiempos de la independencia marroquí y tunecina y de la guerra de Argelia, la fórmula dilecta para los países recién emancipados era la del Partido Unico, no necesariamente marxista.

En Marruecos, el principal partido motor de la independencia, el Istiqlal, tenía clara vocación de partido único. La Corona supo crear desde el principio contrapesos y aprovechar las contradicciones que, al sesgo de la elección de modelos de desarrollo no podían dejar de aparecer en el gran partido nacionalista que pronto se dividió, dando nacimiento a una Unión Nacional de Fuerzas Populares que se transformaría después, prácticamente en su totalidad, en Unión Socialista de Fuerzas Populares, el gran partido de la izquierda marroquí. En el proceso electoral que culminó el pasado mes de septiembre, la Unión Nacional, reconstituida en «kutla» entre la USFP y el Istiqlal, ha obtenido una progresión considerable pero insuficiente todavía para asegurarles la mayoría parlamentaria anhelada.
Lo importante es destacar la ventaja relativa adquirida por Marruecos con la plena asunción del pluralismo político mucho antes de que se convirtiera en pauta inexcusable.

Para el observador occidental no es fácil disociar modernidad y laicismo en las sociedades islámicas. Marruecos es también una excepción a ese respecto. Frente a Turquía o Túnez, países en los que se manifestó una evidente voluntad laicizante al estilo occidental, Marruecos ha combinado un esfuerzo sostenido de modernización acompañado de otro esfuerzo no menos sostenido de fomento y protección de las prácticas religiosas tradicionales.
Ciertamente, no puede extrañar esta paradoja en un sistema en cuya cúspide la responsabilidad política máxima del Rey coincide con la responsabilidad religiosa de Amir Al Muminin. El efecto, en todo caso, ha sido positivo, pues en el Marruecos de hoy existen, es cierto, algunos brotes de islamismo radical, pero no tienen ni la amplitud ni la gravedad del fenómeno en otros países de su entorno.

En el campo de la economía, el contraluz de modernidad y tradición singulariza también las grandes opciones de Marruecos. En busca de la autosuficiencia alimentaria, Marruecos, desde su independencia, decidió privilegiar la agricultura con medidas de fomento y exenciones. Cuando otros países de su entorno se lanzaban a grandes proyectos de industrialización, Marruecos se autolimitaba a favorecer su principal actividad tradicional.
Pero en el tema económico, debemos reconocer que nuestro hilo conductor se vuelve ambiguo, por no decir contradictorio. Porque modernidad es, a fin de cuentas, vuelta a la tradición. Del intervencionismo estatal se vuelve al libre juego de las fuerzas del mercado. Y Marruecos viene dando un gran número de ejemplos en esta puesta al día.

La marroquinización que se impuso en el 73, después de las turbulencias del bienio anterior, ha dado paso a una política de atracción de inversiones y de igualdad de trato entre nacionales y extranjeros, acompañada de un plan de ajuste estructural sometido a las normas de los organismos financieros internacionales y de un tren de privatizaciones. De todas estas cuestiones que conforman la actualidad económica, se tratará con más propiedad en otras colaboraciones.
Me limitaré a expresar el deseo de que la posición de ventaja relativa, en la que ha conseguido colocarse Marruecos sea aprovechada para salvar el principal escollo en sus perspectivas de avance, i.e. su todavía deficiente estructura social.

JOAQUÍN ORTEGA

Marruecos encuentra su rumbo

Marruecos encuentra su rumbo

La actitud de los españoles hacia Marruecos está cambiando a la misma velocidad con que mudó la postura de los ingleses, franceses y alemanes hacia España en la década de 1960. Para los inversores españoles, el Reino Alauita ha dejado de ser el antiguo protectorado anclado en la Edad Media, para convertirse en una hermosa tierra de crecientes oportunidades.

La nueva visión de los inversores españoles se confirma con el primer golpe de vista a la evolución de los datos económicos marroquíes. Alcanzada una inflación más baja que la de España, contenido el déficit público al 2 por 100 del PIE, estabilizado el dírham sobre la base de unas reservas reconstituidas, multiplicadas las inversiones extranjeras por cinco en un quinquenio hasta alcanzar más de 500 millones de dólares, Marruecos está haciendo gala de una seriedad y equilibrio sorprendentes para muchos recién llegados. Si recordamos que en 1987 una virtual bancarrota pública forzó al Gobierno marroquí a renegociar su deuda extranjera, la transformación de su macroeconomía es un tour de force muy apreciable.

Cierto es que los problemas más profundos no han desaparecido. La macroeconomía financiera puede seguir durante tiempo caminos distintos de la economía y de las sociedades reales. El sistema productivo marroquí depende en grado excesivo de la agricultura y ésta ha sufrido dos años de profunda sequía, con lo que la tasa de crecimiento ha resultado negativa en 1992. El paro, aunque mitigado por la importancia de la economía sumergida, alcanza cifras españolas del 20 por 100 en las ciudades, y está acompañado por un subempleo crónico en el 45 por 100 de la población que vive en el campo. Pese a lo aún reducido de la proporción de los que saben leer y escribir, por el momento no más del 63 por 100 de la población urbana y del 22 por 100 de la rural, la escolarización es baja, dramáticamente exigua para las niñas fuera de las ciudades. El crecimiento de la población, como es típico en las economías que salen del subdesarrollo y acceden a la urbanización, parece explosivo: la tasa de crecimiento demográfico es del 2,2 por 100 anual y la mitad de los marroquíes tienen menos de veinte años.

Las diferencias sociales son grandes, como también es de esperar en un país rural que se industrializa y enriquece. En las ciudades vive una burguesía culta y próspera, pero, según cifras del Banco Mundial, un 21 por 100 de la población del país está sumido debajo de la línea de pobreza o apenas sobrepasa ese límite mínimo. La distancia entre el campo y la ciudad es muy marcada, así como entre Marruecos y sus vecinos del Norte, lo que implica claros incentivos para la emigración, que en sí no es sino un remedio parcial y al propio tiempo una causa de desestabilización.

La situación política está en proceso de consolidación. Tanto como en lo social, Marruecos da la impresión en lo político de fragilidad y tensiones centrífugas. No por nada su denominación tradicional es la de «Imperio Cherifiano», es decir, una aglomeración de grupos sociales y tribus antagónicas unidos por el vasallaje al Rey y líder religioso, Hassan n. Bajo la nueva Constitución, y tras las elecciones legislati vas de este verano, el Reino de Marruecos está encaminándose muy prudentemente hacia una organización más democrática. Pero la autoridad del monarca, no sólo no está en entredicho, sino que, paradójicamente, es el mecanismo esencial para que la apertura no acabe en una tragedia como la de Argelia.

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Ortodoxia financiera

Ortodoxia financiera

En la década de 1970, los precios del fosfato que con tanta abundancia produce Marruecos subieron casi a la par que los precios del petróleo, pues ese abono mineral compite con los que se obtienen de la petroquímica. Cundió un optimismo exagerado y se llevaron adelante inversiones exageradas en la industria fosfatera. Al término de la década se hundieron los precios del mineral, con lo que desapareció en la balanza comercial el contrapeso de la importación del combustible extranjero encarecido. En 1983, Marruecos hubo de dirigirse al Club de París para pedir un aplazamiento del servicio de la deuda, cuya última entrega ha tenido lugar en 1992.

La ayuda que Marruecos tuvo que pedir también al FMI vino acompañada de las acostumbradas condiciones de ese instituto. El pupilo se ha comportado modélicamente. Según cifras recogidas por el «Financial Times» y de la publicación «Estadísticas Financieras Internacionales» , bajo la férula del ministro de Hacienda Mohammed Berrada, la deuda pública en circulación pasó del 113 por 100 del PIE en 1984-87, al 73 por 100 en 1992. La inflación medida por el índice de precios al consumo, que aún se encontraba en el 8 por 100 en 1991, está alrededor del 4,5 por 100 en la actualidad. El déficit de la balanza por cuenta corriente no equivalía ya en 1992 sino al 1,7 por 100 del PIE, o 500 millones de dólares, compensados por una cifra igual de inversiones extranjeras. Las reservas internacionales (excluido el oro) habían crecido un 17 por 100 año sobre año en junio de 1993 y pasaban de los 3.500 millo-nes de dólares (cuando en 1989 apenas llegaban a los 490 millones de dólares).

Esta restricción, recrecida por la sequía que ha afectado la producción y las exportaciones agrícolas, ha tenido un coste. La tasa de crecimiento media de los años 1985-91 alcanzó un halagador pero no extraordinario 4,5 por 100 en 1992, el crecimiento confesado por el Ministerio de Hacienda fue negativo, de – 2,9 por 100. Se espera que resulte positivo otra vez en 1993. He notado lo abultado del paro. Pero sobre todo, las restricciones presupuestarias, que han reducido el déficit público al 2 por 100 del PIE, han supuesto grandísimas estrecheces en los gastos de equipamientos y servicios sociales, lo que aumenta las tensiones políticas. El Rey ha perdonado los impuestos a los agricultores, empobrecidos por la sequía, hasta el año 2000. No olvidemos de todas formas las revueltas callejeras de 1990.

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Reformas de la estructura

Reformas de la estructura

En vez de insistir en los problemas sociales a los que he aludido al principio para contrarrestar cualquier versión triunfalista de la situación, quiero hacer notar los esfuerzos que el último Gobierno dedicó a la transformación de las instituciones económicas.
El más notable de esos intentos es el amplio programa de privatizaciones lanzado por iniciativa directa del Monarca a1auita. La lista de 112 compañías que aparecía en el decreto programático de venta de compañías públicas, parecía inter-minable. Las compañías enajenadas hasta el momento, no sólo comprenden hoteles, o empresas agrarias y textiles, sino también una sociedad petroquímica la «S. N. d’Electrolyse» y una distribuidora de carburantes, la «Compagnie Marocaine des Hydrocarbures». Una ocasión verdaderamente notable fue la enajenación de la gran empresa de cementos CIOR, que adquirió en su mayoría una empresa multinacional suiza al valor de salida de 1,2 miles de millones de dirham, equivalentes a unos 17 mil millones de pesetas. Una gran cementera española, pese a los informados y buenos consejos de una empresa hispano-marroquí de servicios, no acabó de ofrecer el precio mínimo y marró el tiro. La lista de empresas públicas privatizables no se ha agotado.

Es muy importante no equivocar el origen del amplio patrimonio empresarial del Estado marroquí. No se trata de un cambio de dirección de una sociedad socializada a una economía de mercado. El patrimonio público se extendió cuando el Gobierno, pasados unos años de la independencia, decidió marroquinizar en 1973 las empresas anteriormente dominadas por los franceses. Muchas quedaron en manos de ciudadanos del Imperio. Otras pasaron al Estado. El propio monarca cuenta en el relato de sus conversaciones con el periodista francés Eric Laurent, tituladas «Has san 11, la memoria de un Rey», que Marruecos evitó la comisión de errores a la soviética gracias al consejero más inverosímil que darse pueda. Corría el año de 1961, el último del reinado de Moharnmed V. El gobierno estaba dividido sobre si había que lanzar un plan quinquenal o uno bienal. El actual monarca era el primer ministro de su padre. Brezhnev visitaba Rabat. Durante el último banquete oficial, el actual rey se volvió al Secretario general del PCUS y le preguntó delante de su padre:
« »Usted que es un orfebre en la materia, el mejor de los expertos: ¿hay que elegir un plan de cinco años o uno de dos? » Me acuerdo (prosigue Hassan) que quedó desconcertado por mi pregunta. Después de unos momentos de silencio, respondió: « ¿Sabe?, cuanto más alejados son los objetivos de los planes, más difícil es alcanzarlos. Es como un blanco colocado muy lejos, si os desviáis un milímetro del origen, podéis encontraros a un kilómetro del blanco… Francamente, si me pedís consejo, os aconsejaría un plan bienal ».»

Marruecos, pese a la importancia del Estado, y del propio patrimonio de la familia real, en la vida económica, siempre se ha mantenido dentro del sistema de mercado.
La reforma de la Bolsa y del sistema bancario apenas se han iniciado, pero revelan una conciencia de que se saben muy importantes. La Bolsa de Casablanca se fundó hace sesenta años en tiempos del protectorado, pese a lo que ha llevado una vida letárgica: apenas hay admitidos a cotización 90 títulos. Pero en el mes de julio se aprobó una ley de mercados de capitales y fondos de inversión calcada de la francesa, que sin duda permitirá un mejor funcionamiento. Las comisiones son aún demasiado altas y la información sobre las compañías, escasa, si no opaca. Si se corrigen esos defectos, aparecerá una notable demanda de títulos, sobre todo de fondos de inversión extranjeros y de acaudalados capitalistas marroquíes, o in-cluso de trabajadores emigrantes deseosos de colocar cerca de casa una parte de sus ahorros.

La ley bancaria aún no ha sido promulgada, pero ello no ha impedido un doble movimiento por parte del Banco Central, el Banco alMaghrib: primeramente una reducción de los controles y coeficientes de los bancos comerciales; y luego, cuando ocurrió la previsible explosión crediticia en 1991, la reimposición temporal de coeficientes, la subida del tipo básico, y la obligación de pro visionar créditos fallidos. Aún falta lo más importante, que es la salida de los mayores bancos comerciales del patrimonio del Estado: de hecho, el banco BCP es la mayor compañía de las que se ha decidido privatizar.

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Evolución política

Evolución política

Para continuar la obra de reforma así iniciada se necesita un gobierno enérgico y con apoyos políticos. Las elecciones del verano pasado se realizaron en dos movimientos. En el primer tumo, el de elección popular directa, vencieron los partidos de la oposición, con la discreta anuencia del Rey, del que se decía que buscaba un gobierno de mayoría socialista para profundizar en la democratización del sistema. Pero en el segundo tumo, el de elección indirecta por los notables de diversas instituciones, los partidos llamados dinásticos reequilibraron la balanza.
La oposición decidió entonces rechazar la invitación del Rey de formar gobierno. En una característica alocución televisiva, Hassan 11 leyó la cartilla a sus súbditos y decidió formar un Gobierno apolítico de expertos.

Cómo vaya a desempeñar su labor este ejecutivo y cuál vaya a serla actitud de los diputados elegidos por el pueblo ante políticas económicas ortodoxas y de apertura internacional, es cosa qué-el futuro dirá.
En todo caso, nadie duda de la autoridad de Hassan 11 ni de su capacidad de enfrentarse con problemas tan difíciles como el referéndum del Sahara, la temida extensión del integrismo, o las relaciones económicas y sociales con la Comunidad Europea. Mientras él siga marcando la pauta, el Imperio Cherifiano continuará su prudente camino hacia la modernización y se hará cada vez más atractivo como lugar de inversión para los españoles en busca de ocasiones de implantación y negocio que ahora son difíciles en su patria.

La economía marroquí

La economía marroquí

La economía marroquí se ha comprometido desde 1983 en un amplio programa de reformas económicas. Es conveniente centrarse en primer lugar en los resultados obtenidos diez años después, para poder, luego, entrever las tendencias futuras.
Mientras que la primera mitad de los años ochenta iba a conocer la puesta en práctica progresiva de las diferentes medidas previstas para el programa de ajuste, desde 1986 hemos asistido a una considerable mejora tanto a nivel de los equilibrios económicos y financieros como a nivel de las principales actividades productivas. El PIE calculado a precios de 1980 ha aumentado durante el período 1986-1990 a una tasa media anual de14,1 por 100. En términos nominales, este incremento ha alcanzado el 10,2 por 100, lo que ha permitido que el crecimiento del deflactor implícito del PIE llegase a ser un 6,1 por 100. Este resultado indica una clara reactivación del proceso de crecimiento respecto a la primera mitad del decenio, a la que ha contribuido, de forma decisiva, la actividad de la agricultura y de las industrias manufactureras y, en menor medida, de la minería.

El sector agrícola, enormemente dependiente de las circunstancias climáticas, se ha beneficiado, en conjunto, de unas condiciones pluviométricas más favorables durante la segunda mitad de los años ochenta, en comparación con los años de sequía, especialmente 1983, e incluso 1987. De esta manera, el valor añadido del sector agrícola ha podido crecer durante el período 1986-1990 a una tasa media del 8,1 por 100.

En lo que se refiere a las industrias manufactureras, y a pesar del aumento de los costes de los factores, especialmente en energía, de los salarios y los gastos financieros, por una parte, y de las repercusiones de la liberalización del comercio exterior, por la otra, la evolución de las actividades productivas ha sido favorable en su conjunto durante la segunda mitad del decenio. Entre 1986 y 1990, el valor añadido real de este sector ha aumentado un 3,2 por 100, en promedio. Esta evolución es el resultado del dinamismo sostenido de las exportaciones de los principales sectores industriales, en particular el químico y el paraquímico, el textil y el cuero, así como el agroalimentario. La sensible mejora de los resultados del sector textil se ha acompañado, además, de una recuperación de las inversiones que, bajo el influjo positivo de las medidas de simplificación de los procedimientos administrativos y de un entorno económico más favorable, parecen tomar un nuevo impulso.

Finalmente, la actividad del sector minero, que contribuye de forma importante al equilibrio de las cuentas exteriores, ha evolucionado a un ritmo irregular durante los años 1986-1990, a causa tanto de la inestabilidad de la demanda externa de la mayoría de los productos mineros como de la tendencia a la baja del precio de las materias primas en el mercado mundial. Para el conjunto del período 19861990, el valor añadido del sector minero ha registrado un descenso anual medio del 0,4 por 100 en términos reales.

Paralelamente a la evolución de las actividades productivas, la situación del comercio exterior ha conocido algunos avances a nivel de los intercambios de bienes y servicios, debido esencialmente a la bajada de los precios mundiales del petróleo y a la mejora de la producción del sector agrícola. Con una progresión media del 8,6 por 100 para el conjunto del período 1986-1990, el valor de las importaciones ha aumentado a un ritmo claramente inferior al de las exportaciones, lo que ha permitido una mejora sensible de la tasa de cobertura, que se ha situado en una media del 65,6 por 100, frente al 54,1 por 100 de la primera mitad de la década. Respecto al PI, el valor de las importaciones se ha reducido sensib1emetne, pasando del 32,2 por 100 del PI en 1985, al 29,7 por 100 en 1990, a pesar de la liberalización de los intercambios comerciales. Esta reducción ha sido particularmente importante en 1988.

El aumento de los precios, medido por los dos indicadores equivalentes, el IPC o el deflactor implícito del PIE, ha mostrado una tendencia descendente durante los años ochenta. Después de haber registrado un aumento de dos dígitos, durante los primeros años de la implantación del Programa de Ajuste Estructural (PAS), el PIC no ha dejado de descender desde entonces. Por ello la tasa media de crecimiento del IPC entre 1983 y 1992 ha sido del 6,6 por 100. No obstante, esta media oculta las profundas diferencias habidas de un año a otro: la tasa mínima se registró en 1988, frente a la tasa máxima del 12,5 por 100 en 1986. En conjunto, el crecimiento de los precios mostró una tendencia descendente desde 1983 a 1989, aunque a partir de entonces se ha producido un cambio de tendencia.
Respecto a las finanzas públicas, hay que resaltar que el déficit presupuestario se ha situado entre 1983 y 1992 en un 6,6 por 100 del PIB. Es necesario señalar que la tendencia a la baja fue lenta y progresiva: a partir del 11 ,50 por 100 de 1983, el déficit ha ido descendiendo hasta el 2,2 por 100 de 1992.

Asimismo, el análisis del «saldo corriente/PIB» corrobora la conclusión anterior :aunque la tasa media de toda la década no sea sino del +O ,9 por 100, ello no ha impedido que el ahorro presupuestario haya mejorado sensiblemente: tras ser negativa durante los dos – tres primeros años del PAS, empieza a ser positiva después de 1986 y en 1992 llega incluso a representar el 5,3 por 100 del PIB.

El amplio programa de reformas de 1983 tenía como objetivo, en un primer momento, el restablecimiento de los principales equilibrios macroeconómicos. Se alcanzó esta primera serie de objetivos unos cinco años después, como lo demuestra la bajada del IPC, el control de los déficit presupuestarios y de la balanza por cuenta corriente, la reconstitución de las reservas de divisas, entre otros. La segunda fase del PAS, que ponía el énfasis en la modernización de las estructuras productivas y financieras de la economía nacional, se inauguró a comienzos de los noventa. En este contexto, recientemente se ha adoptado un nuevo paquete de medidas destinadas, especialmente, a asegurar una mayor apertura de la economía nacional hacia el exterior; citemos, a título indicativo, la creación de una zona «off shore» en Tánger y la reforma de la política de comercio exterior. Sería interesante resaltar los principales campos a los que atañe esta liberalización de los intercambios exteriores, así como los principales vectores de la flexibilización del control de cambios. Estas dos preocupaciones revisten un particular interés a la luz de dos decisiones adoptadas recientemente por las autoridades económicas marroquíes: el final de reestructuración del pago de la deuda externa y la implantación de la convertibilidad del dirham.

Liberalización de los intercambios exteriores

Liberalización de los intercambios exteriores

1. Liberalización de los intercambios exteriores: reformas en profundidad. En este contexto conviene recordar que la estrategia de reforma adoptada pretende, dicho de forma esquemática, alcanzar tres objetivos:
1. La reducción de las restricciones a la importación es perceptible al menos a dos niveles
i) después de la supresión de la lista e, cerca del 80 por 100 de los productos están actualmente incluidos en la lista A;
ii) la considerable flexibilización del régimen de licencias de importación: 54.000 en 1984, frente apenas 14.000 en 1989;
iii) descenso y racionalización de los aranceles: antes de la reforma, los aranceles podían variar dentro de un mismo sector entre el cero por 100 y el 4.000 por 100. A menudo, productos similares sufrían tratos diferentes; recientemente tanto los aranceles como los impuestos han sido considerablemente rebajados;
iv) un impulso a la política de exportaciones.
2. Supresión de la obligación de licencia para casi la totalidad de los productos industriales, agrícolas y mineros: generalización y reforzamiento del sistema de admisión temporal, tanto para los exportadores como para los suministradores nacionales; el tipo de cambio se ha convertido en un instrumento de promoción de las exportaciones y de protección del mercado nacional.
3. Adhesión al GATT el 15 de junio de 1987 y a la opción de libre cambio: esto significa para Marruecos el compromiso de respetar los tres grandes principios que subyacen a la filosofía del GATT:
i) no discriminación según la cláusula de nación más favorecida;
ii) prioridad de la utilización del arancel de aduanas consolidado en toda la política de protección, frente a las restricciones arancelarias, y iii), reciprocidad en la reducción de los obstáculos arancelarios. Esta adhesión representa para el país una doble ventaja: obtención de concesiones bajo la forma de mayor acceso a los mercados de otros países y posibilidad de resistir a las presiones políticas de los grupos internos de presión, que reclaman al mismo tiempo una mayor protección y el mantenimiento de los privilegios.

El resultado de este proceso es que en 1994 se habrá hecho, casi totalmente, realidad la opción de una mayor apertura de la economía nacional hacia el resto del mundo, puesto que prácticamente todos los productos podrán ser importados libremente, incluidos los que actualmente están en la lista negativa… Dicho de otra manera, ya no se necesitará el visado previo para la realización de las operaciones de importación. A nivel de las exportaciones nos encontramos con el mismo dinamismo desde la supresión, el 22 de diciembre de 1987, del visado de los títulos de pago por exportaciones a los bancos intermediarios delegados. Desde esa fecha, el exportador presenta su título de exportación directamente a los Servicios de Aduanas para la expedición de la mercancía. Estos movimientos de liberalización se extienden igualmente a los restantes capítulos de la balanza de pagos: el transporte, la pesca de altura, el turismo… etc.

En definitiva, la nueva Ley de Comercio Exterior, al derogar las disposiciones de los textos de 1939, que constituyen el esqueleto de la legislación nacional de la política de intercambios exteriores, consagra el principio de liberalización de las importaciones y de las exportaciones -con algunas y escasas excepciones- conforme a los compromisos con el GATT. La nueva ley precisa las condiciones de protección de la producción nacional, innova en materia de regulación del comercio exterior: precios de referencia, restitución a las exportaciones de productos agrícolas, medidas de salvaguardia, etc. En la práctica, es el ministerio de Comercio Exterior quien ostenta la responsabilidad de proponer y asegurar el seguimiento de la política comercial del Estado, en concertación con los restantes departamentos administrativos técnicos, por una parte, y con los organismos profesionales, por la otra.

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